Cada 21 de septiembre, el Día Internacional de la Paz nos invita a detenernos y recordar que la paz no es solamente la ausencia de conflictos. También se construye en la manera de hablar, de escuchar, de respetar las diferencias y de convivir.
Este año, el encuentro volvió a reunirnos en la Plaza Campana de la Paz de Ushuaia, un lugar profundamente simbólico para quienes, desde hace años, acompañamos acciones vinculadas con la educación, la cultura y los valores humanos.
Hacer sonar la campana fue mucho más que cumplir con una ceremonia. Su sonido atravesó el aire frío de la ciudad como un llamado: a no permanecer indiferentes, a recuperar el diálogo y a comprender que cada persona puede contribuir a la paz desde su lugar cotidiano.
En 2026 también se cumplen 25 años de la resolución de las Naciones Unidas que estableció el 21 de septiembre como fecha fija del Día Internacional de la Paz y jornada mundial de no violencia y alto el fuego.
La ocasión tuvo, además, un significado muy especial: celebramos los diez años de Cien Poetas por la Paz, una obra colectiva que continúa reuniendo voces de diferentes lugares alrededor de una misma esperanza.
Participar desde sus primeras ediciones me permitió comprobar que la poesía también puede convertirse en una forma de compromiso. Un poema no detiene una guerra, pero puede cuestionar la indiferencia, acompañar una herida, despertar conciencia y recordarnos que siempre existen otras maneras de relacionarnos.
En esta jornada también estuvo presente la memoria del escritor fueguino José González, cuya voz forma parte de ese camino compartido. Recordarlo fue reconocer que las palabras permanecen cuando nacen de una convicción verdadera y se ofrecen a los demás.
La paz necesita acuerdos entre las naciones, pero también gestos pequeños y cercanos: una palabra que no lastime, una escucha sin prejuicios, una mano tendida y el valor de elegir el diálogo aun cuando resulte difícil.
Desde el fin del mundo, la Campana de la Paz volvió a sonar.
Y junto a ella también sonaron los poemas, las memorias y el deseo de seguir construyendo una sociedad en la que ninguna voz sea ignorada.
Porque la paz no se recuerda solamente una vez al año: se elige y se construye todos los días.
¿Qué gesto de paz podemos ofrecer hoy desde nuestro propio lugar?

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