Los días 3, 4 y 5 de septiembre de 2026 quedarán guardados como un momento muy especial para la comunidad croata de Ushuaia.
Por primera vez, descendientes y amigos de Croacia participaron con bailes tradicionales en la Fiesta de las Colectividades, representando a la Asociación de Croatas en Argentina, sede Ushuaia, Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur.
No se trataba de bailarines profesionales, sino de personas unidas por el deseo de aprender y compartir una cultura que sienten cercana. Algunas recibieron ese vínculo como herencia familiar; otras se acercaron por amistad, curiosidad o afecto hacia Croacia.
Durante semanas aprendieron los pasos, ensayaron juntos y prepararon el vestuario. En ese proceso descubrieron que bailar también puede ser una manera de conocer y transmitir una historia.
Cuando llegó el momento de subir al escenario, formaron una ronda y se tomaron de las manos. En aquel gesto se encontraron los descendientes de las familias croatas pioneras, los amigos que decidieron acompañarlos y la memoria de quienes llegaron desde muy lejos llevando consigo sus costumbres, su música y su identidad.
El vestuario también fue resultado de un trabajo compartido. Cada prenda y cada detalle fueron preparados con dedicación para acercar al fin del mundo una expresión de la cultura tradicional croata.
La fotografía conserva uno de esos instantes: la ronda sobre el escenario, las manos unidas y la emoción de comprender que algo nuevo estaba comenzando.
La participación en la Fiesta de las Colectividades fue mucho más que la presentación de dos bailes. Representó un primer paso para que las danzas croatas encuentren su lugar en Ushuaia y para que este patrimonio pueda ser conocido, compartido y transmitido a las próximas generaciones.
La Asociación agradece profundamente a quienes bailaron, confeccionaron, colaboraron, acompañaron los ensayos y alentaron este comienzo. También al público, que recibió la presentación con entusiasmo y afecto.
La cultura permanece cuando se transmite, pero también cuando una comunidad se anima a recrearla y compartirla.
Aquella ronda no cerró un círculo: abrió un nuevo camino para la cultura croata en el fin del mundo.

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