Hoy, 25 de octubre, Zlarin recuerda a Vesna Parun, una de las grandes voces de la poesía croata, fallecida en esta fecha en 2010.

La isla donde nació en 1922 conserva su memoria de una manera especialmente hermosa: existe allí el Put Vesne Parun, el Camino de Vesna Parun. Recorrerlo es acercarse a los paisajes que acompañaron su infancia y que continuaron viviendo en su escritura: el mar, la piedra, los olivos, las higueras y el silencio de una pequeña isla dálmata.

Vesna se alejó muy pronto de Zlarin, pero regresó muchas veces buscando la serenidad y la inspiración de sus primeros años. La isla no fue solamente su lugar de nacimiento. Fue una presencia persistente: a veces luminosa, otras veces dolorosa.

Una familia dispersa por el mundo

Entre sus poemas encontré uno que parece guardar la memoria de muchas familias emigrantes de Dalmacia.

En español fue presentado por Martín López-Vega con el título “Poema de mi abuelo”. Allí aparece un anciano sentado frente a su casa, contemplando una isla golpeada por la guerra y la escasez. Sus hijos han partido hacia países lejanos y la familia ha quedado repartida por distintos continentes.

El abuelo permanece mirando el horizonte.

En esa escena pueden reconocerse quienes se fueron buscando trabajo y quienes quedaron esperando cartas, noticias o un regreso que quizá nunca ocurrió.

El original croata, titulado “Rat” —“Guerra”—, no presenta la emigración como una aventura romántica. La partida nace de la necesidad, del hambre y de un tiempo atravesado por el conflicto.

La versión española fue publicada en 2017 junto con otros tres poemas. El traductor aclara que incorporó al comienzo un verso tomado de un comentario de Nikola Madzirov; por eso conviene considerarla una recreación literaria y no una traducción completamente literal.

El coral que regresa al mar

Otro de sus textos, “Koralj vraćen moru” —“Coral devuelto al mar”—, adquiere un significado especial cuando se lee desde Zlarin.

En él, Vesna escribe:

Vraćam kolijevku u more.

Devuelvo la cuna al mar.

El coral se convierte en una imagen de la vida, el origen y la pertenencia. Para Zlarin, cuya identidad está profundamente vinculada con la tradición coralera, estos versos parecen regresar al mismo paisaje del que nacieron.

Sin embargo, la voz poética no se queda detenida allí. Después de devolver simbólicamente su cuna al mar, continúa caminando por caminos desconocidos.

Quizá regresar no signifique siempre volver para permanecer. A veces consiste en reconciliarnos con nuestro origen y seguir adelante llevando algo de él con nosotros.

Buscar un lugar al cual pertenecer

Vesna Parun no idealizaba su relación con Zlarin.

En una entrevista habló del dolor con el que llevaba los paisajes y los olivos de Dalmacia. Recordó la soledad de su isla natal y explicó que ya había saldado parte de aquella relación mediante la poesía.

Entonces dijo:

Dakle, ja tražim zavičaj.

Es decir: busco un lugar al cual pertenecer.

Sus palabras revelan que el origen y el hogar no siempre coinciden. Podemos haber nacido en un lugar, vivir en otro y continuar buscando ese espacio donde nuestra historia encuentre sentido.

Mientras leía sus poemas pensé en las familias que partieron desde las islas dálmatas hacia Magallanes, la Patagonia y Ushuaia. Pensé en quienes permanecieron y en los descendientes que, generaciones después, regresan buscando apellidos, casas y respuestas.

Vesna nació en Zlarin y llevó la isla consigo al marcharse.

Otros llegamos a Zlarin siguiendo las huellas de quienes habían partido.

Son recorridos diferentes, pero unidos por una misma pregunta:

¿Cuánto de un lugar continúa viviendo en nosotros, aun cuando estamos lejos?

Hoy, al recordarla, el Camino de Vesna Parun nos invita a caminar por la isla con otra mirada. No solamente para buscar los paisajes de su infancia, sino para escuchar aquello que su poesía todavía tiene para decirnos sobre las partidas, la memoria y la necesidad humana de encontrar un lugar al cual pertenecer.

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