Cuando pensamos en la historia del coral rojo de Zlarin, solemos imaginar barcos, pescadores y hombres enfrentando el mar Adriático.
Pero hay otra historia que pocas veces se cuenta.
La historia de las mujeres.
Mientras los hombres partían durante semanas o meses en busca del preciado coral rojo, las mujeres permanecían en la isla.
Cultivaban la tierra, cuidaban los olivares, administraban la casa, criaban a los hijos y sostenían la vida cotidiana.
Ellas también formaban parte de cada expedición.
Aunque nunca subieran a bordo.
Recorriendo el Museo del Coral de Zlarin descubrí que la historia de la isla no puede entenderse sin ellas.
Si los hombres pertenecían al mar, las mujeres pertenecían a la tierra. Y ambas fuerzas eran necesarias para que la comunidad sobreviviera.
Mientras observaba las fotografías antiguas pensé en mi propia familia.
Pensé en mi pre-prabaka Adum.pre prebaka significa en idiima croata tatarabuela.
No sé cuántas veces habrá esperado junto a una ventana.
No sé cuántas veces habrá mirado el horizonte buscando una vela que regresara.
No sé cuántas despedidas habrá vivido.
Pero sé que perteneció a una generación de mujeres fuertes, silenciosas y resilientes que sostuvieron familias enteras mientras el mar marcaba el ritmo de la vida.
Hoy el coral rojo de Zlarin es admirado por visitantes de todo el mundo.
Su belleza atraviesa generaciones y continúa siendo uno de los símbolos más reconocidos de la isla.
Sin embargo, cada vez que veo una pieza de coral pienso también en esas mujeres.
Porque el coral crece lentamente, capa tras capa, año tras año.
Y algo parecido ocurre con las familias.
Generación tras generación, son las mujeres quienes muchas veces conservan las historias, las fotografías, los recuerdos y los nombres que permiten que la memoria siga viva.
Quizás por eso, estando en Zlarin, sentí que la historia del coral y la historia de mi familia estaban profundamente unidas.
No solamente por los pescadores.
También por las mujeres que permanecieron.
Por las que esperaron.
Por las que cuidaron.
Por las que transmitieron la memoria cuando parecía que todo podía perderse.Este texto es para mi pre-prabaka Adum.
Y también para todas las mujeres de Zlarin.
Para las que vivieron frente al mar.
Para las que vieron partir a sus seres queridos.
Para las que emigraron.
Para las que se quedaron.
Y para las que, sin saberlo, dejaron huellas que todavía hoy seguimos encontrando al regresar a nuestras raíces.
Porque detrás de cada historia de migración hay un nombre que suele olvidarse.
Y muchas veces ese nombre pertenece a una mujer.


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