Me dije a mi misma: sal a caminar hoy y comparte una foto de algo que te llame la atención.

Y salí a caminar sin buscar nada en particular.

A veces camino para despejar la mente.
Otras, simplemente para dejar que el mar haga su trabajo.

Fue entonces cuando la vi.

A la distancia parecía un ancla.

Una más entre tantas imágenes ligadas al mar, a los barcos y a los viajes.

Pero al acercarme descubrí algo curioso.

No vi primero el ancla.

Vi una pregunta.

Porque allí, recortada contra el cielo azul y el Adriático, aquella pieza de metal parecía un enorme signo de interrogación.

Y me quedé mirándola.

Quizás porque, si somos sinceros, gran parte de nuestra vida transcurre entre preguntas.

¿Estoy donde quiero estar?

¿Es momento de cambiar?

¿Debo insistir o soltar?

¿Partir o quedarme?

Muchas veces creemos que necesitamos respuestas para seguir adelante.

Sin embargo, las cosas más importantes de nuestra vida suelen comenzar con una pregunta.

Un viaje comienza con una pregunta.

Un libro comienza con una pregunta.

Una amistad, una decisión, un cambio de rumbo, también.

Las preguntas no siempre son señales de duda.

A veces son señales de movimiento.

Por eso me gustó esta imagen.

Porque parece un ancla, pero no está sujetando ningún barco.

No detiene nada.

No impide ningún viaje.

Está allí, frente al mar, transformada en una pregunta.

Como si quisiera recordarnos que no todas las preguntas están hechas para frenarnos.

Algunas llegan para invitarnos a descubrir nuevos horizontes.

Y tal vez la vida no consista en encontrar todas las respuestas.

Tal vez consista en aprender a convivir con ciertas preguntas mientras avanzamos.

Mientras navegamos.

Mientras cambiamos.

Mientras crecemos.

Porque hay preguntas que no están hechas para ser respondidas de inmediato.

Están hechas para acompañarnos un tramo del camino.

Y quizá lo más importante no sea responderlas.

Quizá lo más importante sea seguir caminando.


¿Qué pregunta te acompaña hoy?

Deja un comentario