HUELLAS DE INCLUSIÓN
A veces la inclusión aparece pintada sobre el suelo y, aun así, pocas personas se detienen a pensar en ella.
Estas líneas amarillas que atraviesan las veredas en Split, o en cualquier parte del mundo, no están ahí por decoración. Son caminos táctiles pensados para orientar a personas ciegas o con baja visión. Una guía silenciosa en medio del ruido de la ciudad.
Y lo más interesante es que muchas veces quienes sí vemos apenas las notamos.
Caminamos sobre ellas sin preguntarnos qué significan. Pero para otra persona pueden representar algo enorme: autonomía, orientación, seguridad, independencia.
Seguramente no resuelven todo. Ninguna ciudad es perfecta. Siempre hay obstáculos, errores, barreras y cosas por mejorar. Pero hay algo profundamente importante en que una sociedad piense la ciudad también desde los pies de quien no puede verla.
Porque accesibilidad no es únicamente construir para “la mayoría”.
Es preguntarse:
¿cómo llega alguien hasta aquí?
¿cómo cruza?
¿cómo se orienta?
¿cómo encuentra el camino de regreso a casa?
Detrás de cada una de estas líneas hay una decisión humana: ALGUIEN PENSÓ EN EL OTRO.
Y quizás ahí empiece la verdadera inclusión.
No en los grandes discursos.
No en las campañas llenas de palabras difíciles.
Sino en esos pequeños detalles urbanos que le dicen a una persona:
“también pensamos en vos cuando construimos esta ciudad”.
A veces una simple línea amarilla puede convertirse en un gesto de dignidad.

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