Hay encuentros que trascienden el momento y se convierten en parte del camino. En Zagreb, durante el evento de la Croatian Women’s Network, viví uno de esos instantes donde todo parece alinearse: la historia personal, la vocación y el sentido profundo de lo que una hace.
En el panel de arte y cultura, donde tuve la oportunidad de compartir mi trabajo como escritora y mi recorrido en la literatura por la paz, hubo una presencia clave que hizo posible ese diálogo entre lenguas y culturas: Adriana Ivana Smajić. Con sensibilidad, precisión y compromiso, coordinó y tradujo mi participación, permitiendo que cada palabra encontrara su lugar, que cada idea pudiera ser comprendida y sentida en ambos idiomas.
Pero su labor fue mucho más que una traducción. Fue un acto de mediación cultural, de escucha profunda, de respeto por la palabra del otro. En ese gesto, tan sutil como poderoso, se revela la verdadera esencia del arte y la cultura: la posibilidad de encontrarnos, de reconocernos, de construir puentes.
Además, tuve el privilegio de recibir de sus manos dos textos muy especiales: uno traducido por ella y otro de su valioso trabajo hecho junto a su esposo en Studia Croatica. Celebramos el aniversario de varias décadas de esta obra en Split, un momento que atesoraremos siempre.
Este encuentro también me invita a una reflexión necesaria. Los sueños no son solo aquello que imaginamos, sino aquello que sostenemos en el tiempo con trabajo, convicción y amor. Poder estar en ese espacio, en esa ciudad, en ese momento, compartiendo mi voz y siendo reconocida en el ámbito del arte y la cultura, es también el resultado de un camino recorrido con coherencia y entrega.
Concretar sueños en lo profesional, especialmente en el campo del arte y la cultura, implica muchas veces atravesar incertidumbres, reinventarse, insistir. Pero también significa abrirse a los encuentros, confiar en los procesos y comprender que cada paso tiene sentido, incluso aquellos que no se ven.
Zagreb no fue solo un escenario, fue una confirmación. Que vale la pena creer en lo que hacemos. Que la palabra tiene fuerza. Y que cuando el arte se pone al servicio de la paz, los sueños encuentran su forma de hacerse realidad.
Umjetnost spaja ljude.
El arte une a las personas.










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