Hay ciudades que uno visita.
Y hay ciudades que, sin pedir permiso, se quedan a vivir dentro de nosotros.
Split es una de ellas.
No sé si los lugares tienen memoria. Pero estoy segura de que las personas sí. Y cuando pienso en esta ciudad, no pienso solamente en sus calles de piedra, en la Catedral de San Duje, en la Riva o en las aguas del Adriático. Pienso en las historias que llegaron hasta aquí y en las que desde aquí siguieron viajando.
Pienso en quienes me pidieron que le enviara un beso a Split para que el mar lo llevara hasta su isla favorita.
Pienso en quienes me dijeron que le hablara al mar de sus sueños.
Pienso en quienes me pidieron una fotografía para sentirse un poco más cerca desde la distancia.
En quienes me dijeron que no me vaya sin pedir un deseo a la estatua de Nin, como algunos la nombran.
Y entonces comprendo que los lugares son mucho más que geografía.
Son encuentros.
Son recuerdos.
Son emociones compartidas.
Hay algo extraordinario en la forma en que esta ciudad habita el corazón de tantas personas. Algunas nacieron aquí. Otras llegaron por un tiempo. Algunas regresaron a sus raíces. Otras simplemente encontraron un rincón donde sentirse en casa.
Pero todas parecen guardar una historia con el mar.
Quizás porque el mar tiene esa capacidad de unir lo que parece lejano.
Une islas.
Une continentes.
Une generaciones.
Une a quienes se fueron con quienes permanecieron.
Y también une a quienes creen que están lejos, aunque sigan mirando el mismo horizonte.
Mientras observo una vez más la silueta de Split recortada contra el cielo, pienso que algunas conexiones no necesitan explicaciones.
Simplemente existen.
Como el cariño que sentimos por ciertos lugares.
Como la emoción que aparece cuando escuchamos su nombre.
Como la certeza de que, aun cuando cambian las estaciones y los caminos continúan, hay sitios que siempre encuentran la manera de acompañarnos.
Seguramente volveremos a encontrarnos.
Y si no fuera así, tampoco importa demasiado.
Porque el mar seguirá haciendo lo que ha hecho durante siglos.
Ir y venir.
Llevar historias.
Traer recuerdos.
Tender puentes invisibles entre las personas y los lugares que aman.
Y mientras exista el mar, siempre habrá una forma de seguir cerca.
¿Hay algún lugar del mundo que, aunque esté lejos, siga viviendo en vos?

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