La verdad es que no sé si tendría mucho para aconsejarle.
Porque aquella joven ya hacía algo importante: avanzar.
Tenía sueños, cuadernos llenos de poemas y pensamientos, proyectos que todavía no tenían forma y una enorme curiosidad por la vida. No sabía exactamente hacia dónde iba, pero caminaba.
Y eso, muchas veces, es suficiente.
Si hoy pudiera sentarme frente a ella, no le diría que cambie de rumbo. Tampoco le advertiría sobre los momentos difíciles que vendrían, porque forman parte de cualquier historia humana.
Le diría simplemente:
«Seguí.»
Porque hizo exactamente eso.
Siguió estudiando hasta terminar una carrera.
Siguió construyendo una familia.
Siguió siendo independiente.
Siguió aprovechando las oportunidades que aparecían, tal como le enseñaron sus padres.
Siguió escribiendo, aunque a veces los cuadernos quedaran guardados entre las obligaciones cotidianas.
La vida fue sucediendo.
Llegaron personas importantes.
Algunas caminaron muchos años al lado, compartiendo proyectos, decisiones y una misma dirección.
Llegaron los hijos.
Llegaron los libros.
Llegaron los viajes.
Llegaron los desafíos.
Y también llegaron algunos momentos difíciles.
Pero ahora, mirando hacia atrás, entiendo que no fueron interrupciones del camino. Fueron parte del camino.
No todo salió como estaba planeado.
Pero tampoco tenía que hacerlo.
Porque la vida no se construye únicamente con grandes decisiones. También se construye con los pequeños pasos que damos cada día sin saber adónde nos llevarán.
Hoy no siento nostalgia por aquella joven.
Siento gratitud.
Porque tuvo el valor de hacer, de intentar, de elegir y de seguir adelante.
Y si pudiera decirle algo antes de despedirme, sería muy simple:
«No te preocupes. Vas a vivir mucho más de lo que imaginas.»
Y después le sonreiría.
Porque sé algo que ella todavía no sabe.
Que un día mirará hacia atrás y, con sus alegrías, sus pérdidas, sus aciertos, sus errores y sus aprendizajes, podrá decir:
«No cambiaría nada.»
Porque todo lo vivido la convirtió en quien es.
Y porque, al final de cuentas, fue una buena vida.
Una vida plenamente vivida.

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