Una reflexión sobre los lugares, las personas y los momentos que solemos pasar por alto

A veces soñamos con otros mares mientras caminamos junto al nuestro.Imaginamos que la felicidad vive en ciudades lejanas, en futuros posibles o en vidas que parecen más interesantes que la propia.

Creemos que aquello que nos falta está siempre un poco más allá del horizonte.

Sin embargo, la vida tiene una curiosa manera de enseñarnos.

Con el tiempo descubrimos que muchas de las cosas que más valoramos no estaban lejos.

Estaban cerca. Tan cerca que casi no las veíamos.

Una mesa compartida.

Una conversación sin apuro.

Una lengua heredada que vuelve a encontrarnos años después.

Una amistad que permaneció mientras todo cambiaba.

Un paisaje cotidiano que dejamos de mirar porque creíamos conocerlo demasiado.

Y a veces, cuando estamos distraídos mirando hacia otro lado, aparecen señales.

Algunos las llaman coincidencias.

Otros las llaman destino.Hay quienes creen en ángeles que se presentan de distintas formas para cuidarnos, guiarnos o recordarnos el camino.

Otros encuentran esas señales en una palabra escuchada a tiempo, en un encuentro inesperado, en un libro, en una mirada o en una simple conversación.

No sé exactamente qué son.

Pero sí sé que muchas veces nos invitan a detenernos y mirar de nuevo aquello que ya tenemos.

Yo creo en el bienestar que nace dentro de uno mismo.

Creo en la fuerza de nuestros pensamientos, en la importancia de quienes nos rodean y en el vínculo que construimos con los lugares que habitamos.

Creo en la vida. Creo en disfrutar lo que tenemos mientras lo tenemos.

Encuentro sabiduría en el estoicismo, serenidad en algunas enseñanzas del budismo y belleza en muchas otras formas de comprender el mundo.

Pero cada vez me pregunto menos en qué debemos creer.Y cada vez me interesa más cómo vivimos.

Porque tal vez la cuestión no sea encontrar una respuesta perfecta.

Tal vez alcance con aprender a mirar.Mirar mejor.Mirar más despacio.Mirar con gratitud.

Y descubrir que, muchas veces, aquello que buscamos con tanta intensidad ya estaba esperándonos a nuestro lado.

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