MI TATARABUELO EN UNA MUESTRA ARTISTICA EN CROACIA

Hay experiencias que no se visitan… se habitan.

En Croacia, tuve la posibilidad de participar en una muestra artística diferente, viva, abierta. Una propuesta donde cada visitante no solo observa, sino que también deja algo de sí: un objeto, una historia, una huella.

La dinámica era simple y profunda a la vez. Llevar un objeto personal, fotografiarlo y escribir sobre él. Convertir lo íntimo en compartido. Transformar lo propio en parte de una memoria colectiva.

Yo llevé un documento.

Un documento de mi tatarabuelo.

Un papel pequeño, quizás para otros. Pero para mí, un puente. Una señal. Una herencia silenciosa que cruzó el mar mucho antes que yo.

En esa sala, entre textos escritos en croata, en inglés y en distintas voces del mundo, dejé también mis palabras. Y sentí algo difícil de explicar. Que mi historia, esa que nace entre dos tierras, era comprendida sin necesidad de traducción.

Que el regreso a las raíces no es solo un viaje personal. Es también un lenguaje universal.

Participar de esta muestra fue más que una experiencia artística. Fue un acto de pertenencia. Una forma de decir: aquí estoy, esto soy, de aquí también vengo.

Mi gratitud a las artistas por crear este espacio tan genuino, donde cada historia encuentra lugar, donde cada objeto respira memoria.

Porque a veces, volver… también es compartir.

El documento de mi tatarabuelo
El documento del viejo lobo de mar

Un papel pequeño
Una mirada fija
Una memoria doblada en dos
En su tinta, una huella, un rastro
En su silencio, una vida
En algún lugar
Viejo lobo de mar
El viento te lleva
Y yo…
Regreso a tu isla

Mi tatarabuelo Fortunato, comerciante de mar, nacido en Zlarin
Migró a otra isla en el fin del mundo, a Tierra del Fuego
Cuatro generaciones pasaron, y en su nombre volví para abrazarlo
Volví a caminar sus pasos, a mirar con su mirada, a sentir
El mar que siempre nos unió

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