El Fin del Mundo, con su nieve y sus montañas, a menudo nos regala encuentros que parecen sacados de un cuento. Sin embargo, no siempre la historia que se despliega es local. A veces, el destino trae un trozo de un lugar lejano, lleno de memoria y afecto, directo a tu camino.
Gracias a la generosidad de mi querida amiga, Griselda Brsić, tuve el privilegio de vivir uno de esos momentos mágicos. Pude conocer a Zrinka Ljutić, la joven y talentosa campeona mundial de esquí, que llegó a Ushuaia desde Croacia para entrenar en el imponente Cerro Castor.
Para mí, este encuentro fue mucho más que la oportunidad de saludar a una deportista de élite. Como parte de la diáspora croata, llevo a ese país en el corazón. Mi conexión se fortaleció aún más durante los meses que tuve la suerte de vivir allí. Escuchar Hajduk, Dinamo, Šibenik o Zlarin, o simplemente obitelj, prijatelji, maslinovo ulje, kamenje…no son solo simples palabras para mí. Son ecos de un tiempo, de una pasión y de una identidad que late fuerte. Escucharlas me llena de un orgullo profundo y de recuerdos vivos que atesoro a flor de piel.
Compartir un momento con Zrinka y su equipo en nuestra ciudad, en el confín de la Tierra, fue una experiencia conmovedora. Sentí un pedazo de mi propia historia, un eco de mi amor por Croacia, reflejado en la energía y la pasión de esta joven deportista. Fue un recordatorio tangible de que las conexiones humanas no tienen fronteras y de que la herencia es un hilo que, sin importar la distancia, siempre nos une.
Historias como esta me confirman que la inspiración vive en los lugares y en las personas menos pensadas.


Fotos de Naza y Griselda…Gracias por el momento compartido!

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