Desde hace casi una década, tengo el honor de participar en uno de los proyectos literarios más hermosos y persistentes de nuestra región: “100 Poetas por la Paz”, una iniciativa nacida en Argentina y que ya ha trascendido fronteras, idiomas y culturas, llevando su mensaje de unión, respeto y esperanza al mundo entero.
Esta serie de antologías internacionales, compiladas con dedicación y sensibilidad por Verónica Bianchi y publicadas por la editorial aBrace (Córdoba, Argentina), reúne año tras año las voces de escritores y poetas que creen en el poder transformador de la palabra.
Mi participación en este proyecto no es solo como autora:
lo hago en representación de mi labor como escritora comprometida con la difusión de la paz, los buenos valores y la cultura de paz, pero también como representante de la provincia de Tierra del Fuego y de la diáspora croata en el sur del continente, a través de la Asociación de Croatas en Argentina con sede en Tierra del Fuego.
Para mí, cada poema es una semilla que une mi identidad literaria, mi tierra natal y mis raíces ancestrales.
Desde mi primera participación en 2016, he sido parte de casi todas las ediciones, y cada una ha significado una oportunidad para sembrar —desde la poesía— valores de paz, inclusión, memoria y diálogo, pilares fundamentales en mi obra y en mi vida como escritora, docente y embajadora de paz.
Próximamente, formaré parte también de la edición especial 2026, que celebrará el décimo aniversario o décima edición consecutiva de este proyecto. Será un volumen conmemorativo que reflejará el recorrido internacional y el reconocimiento recibido por organizaciones de todo el mundo, vinculadas a los derechos humanos, la cultura de paz y la educación para la convivencia.
Agradezco profundamente a Verónica Bianchi y a Editorial aBrace por sostener esta obra colectiva y por permitir que mi voz viaje junto a tantas otras, como parte de una constelación que sigue brillando por la paz.
“Porque escribir poesía no es solo hacer arte:
es también tender puentes, curar heridas y encender luces en la oscuridad”
Algunos de mis textos de 100 poetas por la paz:
LETRAS, NÚMEROS Y PAZ
En el mundo de los juguetes, donde todo es diversión,
aprendemos valores que dan luz al corazón.
Las letras son amigos que nos ayudan a aprender,
y los números estrellas en el cielo del crecer.
El número uno nos enseña a ser únicos y especiales,
cada niño un tesoro, en todos los rincones y lugares.
El dos nos habla de la amistad, siempre unidos de la mano,
juntos somos más fuertes, como en un gran hermano.
Las letras son las palabras que usamos para comunicar,
y con ellas construimos historias, sin parar de soñar.
La «A» es como un puente, nos ayuda a empezar,
la «B» nos habla de la bondad, algo que debemos cuidar.
La «C» nos dice que seamos curiosos, siempre preguntemos por qué,
y la «D» nos habla de la disciplina, para aprender y creer.
La «E» es como un abrazo, amor, empatía en acción,
y la «F» nos enseña la fortaleza, para enfrentar la confusión.
Así, con letras y números, jugando y aprendiendo,
podemos construir un mundo mejor, siempre sonriendo.
La paz está en los buenos valores que llevamos en el corazón,
y juntos, como amigos, haremos de este mundo un hogar fraterno.
Un camino para la paz, en armonía y unidad,
como niños inocentes, jugando y aprendiendo.
Los Trazos
En un gran papel blanco, un lápiz bailarín comenzó a dibujar. Primero, trazó una línea suave que se alargó como un sendero. Luego, con delicadeza infinita en sus pasos de baile, aparecieron dos manos entrelazadas. Los dedos eran como raíces que habían crecido juntas, buscando siempre la luz del sol, la luz del amor y el abrazo cálido de los rayos brillantes de un nuevo amanecer.
Cada línea era como una caricia, un beso en la frente, una canción de cuna que los abuelos cantaban al oído, llenando de paz el corazón. Los trazos bailaban de aquí para allá, dibujando un hogar hecho de sonrisas, donde el respeto brilla como estrellas y el amor era un manto que lo cubría todo como el mismo cielo.
En ese dibujo se veía la vida, como un camino de pasos tiernos, firmes y amorosos, lleno de paciencia, sabiduría y abrazos que curan cualquier tristeza con colores de sentimientos. Los abuelos, con sus manos arrugadas y corazones inmensos, muestran que el amor verdadero es un dibujo que nunca se borra y que siempre vive en el corazón.
Y así, el lápiz danzarín después de varias volteretas, terminó su dibujo. Y las dulces enseñanzas de los abuelos quedarán grabadas para siempre, como un tesoro precioso, en el corazón de quienes los aman con todo su ser.















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