Entre dos orillas es una serie de textos que explora la memoria de la migración croata entre el Adriático y el fin del mundo. Historias, fotografías y reflexiones sobre las vidas que cruzaron el océano y siguen latiendo entre dos territorios.
Hay fotografías que no se limitan a mostrar un lugar.
Parecen guardar algo más profundo, como un instante en el que el mundo estaba por empezar de nuevo.
Esta imagen del antiguo puerto de Ushuaia podría parecer, a simple vista, una escena tranquila. Un barco detenido junto al muelle, algunos hombres observando, una ciudad pequeña extendiéndose detrás, todavía frágil frente al paisaje.
Pero cuando uno se detiene a mirarla con calma, ocurre algo distinto.
La fotografía empieza a hablar.
Y entonces ya no vemos solo un barco.
Vemos un viaje.
El momento de la llegada
Tal vez ese barco había atravesado semanas de mar antes de llegar allí, al sur del mundo.
Tal vez quienes estaban a bordo no sabían exactamente qué encontrarían al descender.
El puerto, en aquellos años, debía parecer un borde del mapa.
Un lugar donde la tierra todavía estaba aprendiendo a convertirse en ciudad.
Imagino el instante en que el barco se acerca al muelle.
Las cuerdas que se tensan.
Los hombres que miran el horizonte.
El silencio breve antes de tocar tierra.
Y pienso en quienes llegaban.
No eran turistas.
Eran personas que venían con la vida a cuestas.
Lo que viajaba dentro de los barcos
En esos barcos no viajaban solamente mercancías o marineros.
Viajaban lenguas distintas, recuerdos de otras costas, canciones aprendidas en la infancia, fotografías dobladas dentro de algún bolsillo.
Viajaban también preguntas. ¿Será este el lugar donde podremos quedarnos?
¿Será aquí donde comenzará otra vida?
Muchos inmigrantes europeos llegaron a estas tierras australes buscando algo que no siempre tenía nombre. Buscaban trabajo, paz, oportunidad, futuro.
Entre ellos llegaron también croatas que habían dejado atrás sus islas, sus pueblos junto al Adriático, sus familias.
Cuando pienso en esas historias, el mar deja de ser solo agua.
Se vuelve memoria.
El puerto como frontera de la esperanza
Los puertos son lugares extraños.
Allí terminan los viajes…
y al mismo tiempo empiezan otros.
El puerto de Ushuaia fue durante décadas ese umbral silencioso donde se cruzaban despedidas invisibles y comienzos inciertos.
Cada barco que llegaba traía algo más que personas.
Traía maneras de mirar el mundo.
Traía acentos nuevos.
Traía culturas que, poco a poco, irían mezclándose con el paisaje.
Así empezó a crecer la ciudad.
No solo con madera, hierro o caminos.
También con historias.
Mirar esta foto desde la otra orilla
Hoy observo esta fotografía desde otro mar.
Estoy en Croacia, en las tierras desde donde muchos de aquellos viajeros partieron alguna vez.
Aquí el Adriático tiene otro color, otro ritmo, otra historia.
Pero el viento que sopla sobre el agua parece traer las mismas preguntas.
Miro esta imagen del puerto de Ushuaia y pienso en mis antepasados croatas.
En quienes un día dejaron estas costas para atravesar el océano hacia un lugar remoto del mapa.
Hacia ese fin del mundo donde generaciones más tarde nacería también mi propia historia.
Tal vez por eso estoy aquí.
Tal vez vine hasta estas orillas para comprender algo que siempre estuvo latiendo en silencio.
Vine a buscar esas huellas.
A escuchar los nombres antiguos.
A mirar el mar desde el lugar donde comenzó el viaje.
Y, de algún modo, también vine para encontrarme.
A veces pienso que cada barco que llegó al fin del mundo no traía solamente pasajeros.
Traía semillas de historias.
Historias que cruzaron océanos.
Historias que se mezclaron con nuevas tierras.
Historias que, muchos años después, nos devuelven a las orillas donde todo comenzó.
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