La obra DRAVA no es solo una propuesta artística. Es un viaje. Un recorrido que comienza en las aguas de un río europeo y encuentra, inesperadamente, su eco en el sur del mundo.
Creada por los artistas croatas Vladimir Frelih y Leo Vukelić, esta obra audiovisual nos invita a pensar el paisaje no solo como geografía, sino como memoria, como identidad, como huella viva del tiempo.
El río Drava, que atraviesa territorios y culturas, se convierte en metáfora de algo más profundo: aquello que fluye, que conecta, que persiste. Y en ese fluir, encuentra un diálogo inesperado con Ushuaia, otra orilla, otro extremo, pero con la misma intensidad de naturaleza y de historia.
Un trabajo que también es encuentro
Que esta obra haya llegado hasta aquí no es casual. Es el resultado de un trabajo conjunto, de voluntades que se encontraron, de vínculos que se fueron tejiendo con tiempo, con compromiso y con sensibilidad.
Detrás de esta exposición hay gestión, organización, colaboración entre instituciones y personas que creen en el valor del arte como puente cultural. Hay decisiones, esfuerzos compartidos, y sobre todo, una convicción: que el arte debe circular, encontrarse, viajar.
Como miembro activo de la diáspora, acompañar este proceso y este encuentro ha sido también una forma de construir comunidad, de abrir puertas y de generar espacios donde el arte se vuelve experiencia compartida.
Cuando el arte llega… y se queda
La llegada de DRAVA a Ushuaia no es un punto de llegada. Es un comienzo.
Es el inicio de nuevos diálogos, de futuros proyectos, de vínculos que continúan más allá de la exposición. Es la confirmación de que, aun desde lugares distantes, es posible encontrarse en una misma sensibilidad.
Porque cuando el arte viaja, no solo se muestra:
transforma, conecta y deja huella.
Y en ese gesto, el río sigue fluyendo.

Deja un comentario