Hoy volvemos a decirlo con la misma convicción que nos acompañó durante toda nuestra vida profesional: la persona con discapacidad no es un límite; es un derecho vivo, una presencia que merece participar, decidir, construir y vivir con dignidad.
Ese mensaje, que ayer pronunciábamos frente a nuestros alumnos y colegas, hoy lo seguimos sosteniendo desde otro lugar, quizá más pausado, pero igualmente intenso.
Porque aunque la jubilación haya llegado, nosotras no nos retiramos de este camino.
La educación especial no es solo un oficio: es una pasión que se enraíza, que germina aun en silencio, que nos invita a seguir andando. Después de una larga trayectoria, hecha de aulas, familias, encuentros, desafíos y aprendizajes compartidos, seguimos caminando por este sendero con la misma ternura y firmeza que nos impulsó desde el comienzo.
Hoy lo hacemos desde otros modos, desde una informalidad que lejos de restar, nos amplía: seguimos formando, acompañando, reflexionando, sembrando ideas y acciones que puedan abrir puertas. La experiencia se vuelve brújula y, al mismo tiempo, semilla. Y cada paso que damos fuera del sistema formal continúa dejando huellas en quienes se suman a este andar.
En este tiempo nuevo también descubrimos algo que nos une profundamente: la escritura colectiva.
Escribir juntas nos permite entrelazar miradas, historias, sensibilidades y saberes. Nos invita a crear proyectos que nacen del deseo de transformar, de visibilizar, de aportar a una sociedad más justa. En cada texto que elaboramos, en cada reflexión que compartimos, se abre un espacio de encuentro donde lo profesional, lo humano y lo poético se abrazan.
Por eso, este 3 de diciembre no es solo una fecha en el calendario: es un recordatorio de todo lo que hemos construido y de todo lo que aún soñamos construir.
Celebramos este día con optimismo, con la convicción de que un futuro inclusivo es posible si lo seguimos forjando juntos, desde las aulas, desde los hogares, desde los espacios comunitarios, desde nuestras voces y desde nuestras letras.
Hoy abrazamos la diversidad como parte esencial de la humanidad. Recordamos que la inclusión no es un gesto aislado, sino un compromiso diario, una forma de mirar, de nombrar y de acompañar. Y desde este lugar que hoy habitamos, seguimos visibilizando y soñando proyectos que abran puertas, que tiendan puentes, que enciendan la esperanza.
Con firmeza y ternura, como siempre, celebramos este día.
Y lo hacemos sostenidas por la certeza de que cada palabra, cada acto y cada encuentro pueden ser una semilla para el mañana.
María y Silvina
Siguiendo el camino, siempre.

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