Un símbolo ancestral que llega al extremo sur del mundo
Hay momentos en la vida donde dos patrias se encuentran.
Donde las raíces dialogan.
Donde la memoria se enciende y el corazón reconoce su hogar en más de una tierra.
Así fue mi charla sobre Vučedolska Golubica, ese símbolo sagrado de la cultura croata:
la paloma de Vučedol, mensajera de resistencia, resiliencia, historia, memoria, paz, esperanza y continuidad entre generaciones.
Que ese símbolo haya llegado a Ushuaia, la ciudad más austral del planeta, no es casualidad:
es destino, es herencia, es puente.
Es la voz de nuestros antepasados tocando nuevamente esta tierra de vientos, canales y montañas.
Ser escritora, educadora, embajadora de paz y descendiente de croatas
A veces me pregunto cuántas historias caben en una vida.
La mía está tejida entre las aguas del Adriático y el Canal Beagle, entre Zlarin y Ushuaia, entre la lengua croata que aprendí para honrar mis raíces y este sur que me enseñó a mirar el mundo con otros ojos.
Compartir esta charla fue un acto de amor hacia ambas patrias.
Un compromiso con la cultura, con la educación, con la paz.
Y también, un abrazo a la diáspora croata en Argentina, especialmente a quienes habitamos este confín del mapa donde todo comienza nuevamente.
La Vučedolska Golubica: un legado que viaja
Durante el encuentro, exploramos la historia de esta maravillosa pieza de cerámica del año 3000 a.C., nacida en la región de Vukovar, en Vučedol, símbolo de espiritualidad, unidad y armonía.
La Vučedolska Golubica encarna tres mensajes esenciales:
- El valor de la paz: porque la paz no se declama, se construye con acciones.
- La continuidad del linaje: los pueblos que conocen su historia caminan más firmes hacia el futuro.
- La identidad como tesoro: una raíz nunca compite con otra… todas conviven en el alma.
En Ushuaia, este mensaje resonó con fuerza.
Aquí, donde tantos inmigrantes encontraron refugio y posibilidad, hablar de historia, cultura y paz fue como volver a encender una llama antigua.
Un encuentro que enriqueció a todos
La actividad organizada por la Asociación Croata en Argentina fue mucho más que una charla:
fue un encuentro de saberes, memorias y emociones.
Aprendimos juntos.
Recordamos juntos.
Celebramos juntos ese puente cultural que une continentes, mares y generaciones.
Muchos pudimos sentir historias familiares, objetos heredados, palabras croatas aprendidas de abuelos y bisabuelos…
Cada relato parecía abrir una ventana hacia Zlarin, hacia Vukovar, hacia Zagreb.
Y también hacia la propia identidad argentina, siempre tan abierta y generosa.
Entre dos patrias, entre dos mares
Vivir entre dos culturas no es dividirse:
es multiplicarse.
Ser descendiente croata en Tierra del Fuego es llevar dos mares dentro:
el mar Adriático, con su azul profundo y su historia milenaria,
y el mar patagónico, bravo, libre, perfecto en su inmensidad.
Desde esas dos aguas escribo.
Desde esas dos patrias enseño.
Desde esas dos memorias construyo mi trabajo como embajadora de paz mediante la palabra.
Porque la paz empieza por reconocerse en el otro.
Y la cultura es el puente más noble que la humanidad ha creado.
Un cierre que es un agradecimiento
Gracias a quienes hicieron posible este encuentro.
Gracias a quienes participaron, escucharon, preguntaron.
Gracias a la comunidad croata en Argentina y a todas las personas que, desde Ushuaia, mantienen viva la memoria de sus ancestros.
Llevar la Vučedolska Golubica al Fin del Mundo fue más que un honor:
fue una manera de decirle al tiempo que seguimos aquí,
que las raíces florecen incluso donde el viento sopla más fuerte,
y que la cultura, cuando se comparte, se transforma en paz.
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Gracias por ser parte de este viaje entre dos mundos.


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