Desde los primeros trazos en las cuevas hasta los versos contemporáneos, la naturaleza ha sido la gran musa del arte.
El viento, los árboles, el mar, las montañas y los animales no solo han despertado la contemplación, sino también la palabra.
En cada movimiento artístico, desde el romanticismo hasta la literatura moderna, los creadores han vuelto su mirada hacia lo natural para entender el alma humana.
La naturaleza inspira, consuela, provoca y enseña. Y en esa profunda conexión entre paisaje y emoción se enraíza una forma de crear que sigue viva en quienes escribimos hoy.
La naturaleza como fuente de arte. Un recorrido histórico
Del asombro ancestral al romanticismo
Desde las pinturas rupestres hasta las cosmovisiones indígenas, el ser humano siempre buscó expresar su vínculo con la tierra.
En el siglo XIX, el romanticismo transformó esa relación en arte. La naturaleza pasó a ser espejo del alma, símbolo de libertad, belleza y misterio.
Autores como William Wordsworth o Ralph Waldo Emerson la consideraron maestra espiritual: “En la naturaleza hallamos lo que somos”, escribió Emerson.
La pintura, la música y la literatura se poblaron de montañas, mares, tormentas y silencios: cada paisaje contenía una emoción.
Naturaleza e identidad en la literatura argentina
En Argentina, la naturaleza fue también territorio de identidad. Desde el siglo XIX, nuestros escritores hallaron en el paisaje un modo de comprender quiénes somos.
Domingo F. Sarmiento describió la pampa como escenario de lucha entre civilización y barbarie en Facundo:
“El desierto sin límites… todo lo llena, todo lo arrastra, todo lo confunde.”
La naturaleza era fuerza, destino y metáfora del país naciente.
Leopoldo Lugones, en Lunario sentimental, convirtió la luna y los cielos en imágenes poéticas de la melancolía y la belleza.
Alfonsina Storni llevó el mar a su voz interior, símbolo de fuerza y desahogo:
“El mar es mi espejo, mi compañero fiel, mi voz cuando callo.”
En ella, la naturaleza es cuerpo y refugio.
Juan L. Ortiz, el poeta entrerriano, fundió su palabra con los ríos y los álamos:
“¿Y qué si el mundo fuera una hoja que cae sobre el agua?”
Su poesía es pura contemplación del instante natural.
Jorge Luis Borges, aunque más urbano y metafísico, también miró la naturaleza con asombro filosófico:
“El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”
En su caso, la naturaleza se vuelve símbolo del infinito.
La influencia de la naturaleza en la literatura contemporánea
En la escritura actual, la naturaleza no solo inspira, también advierte y cuestiona.
El cambio climático, el desarraigo, la pérdida del paisaje y la nostalgia del territorio atraviesan las letras del siglo XXI.
Diferentes utores como exploran el vínculo entre la naturaleza y lo humano, entre lo salvaje y lo íntimo.
La naturaleza ya no es solo escenario: es protagonista, es espejo de lo que sentimos y de lo que hemos transformado.
Mi relación con la naturaleza al escribir
En mi escritura, la naturaleza no es decorado: es voz, memoria y raíz.
Los mares croatas, los vientos patagónicos, las montañas del sur, los árboles de Zlarin o de Ushuaia están presentes en mis palabras.
A veces aparecen como imágenes, otras como presencias invisibles que acompañan la emoción.
Escribo desde esa conexión con la tierra, con el agua, con los ciclos.
Porque creo que la escritura es también una forma de respirar con el mundo, de dejar que la naturaleza hable a través de nosotros.
Cuando observo un paisaje, escucho una historia.
Cuando escribo, esa historia se convierte en palabra.
En definitiva, ls naturaleza ha sido, y seguirá siendo, la fuente más profunda de inspiración artística.
Desde las primeras pinturas rupestres hasta la poesía contemporánea, los artistas han visto en ella no solo belleza, sino sabiduría y sentido.
En mi escritura, esa herencia se entrelaza con las raíces croatas, con la memoria de la tierra y del mar.
Porque, al final, escribir sobre la naturaleza es escribir sobre nosotros mismos, sobre el modo en que habitamos el mundo.
Te invito a reflexionar:
¿Qué paisaje te inspira a escribir o a crear?
¿Qué sonidos, colores o aromas te conectan con tu identidad?
Déjame tu comentario o comparte este artículo si sentís que la naturaleza también habita en tu forma de ver el mundo.

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