Mi corazón se llenó de una profunda emoción al recibir un regalo extraordinario: un estandarte tejido con pequeños sueños de paz, enviado por la Escuela N° 8 de la ciudad de Río Grande, Tierra del Fuego. No es solo un objeto, sino unos testimonios tangibles del legado que juntos hemos sembrado. Cada hilo, cada color, guarda la voz de muchos corazones, especialmente de nuestros primeros embajadores de esperanza: los niños y niñas que, con palabras sencillas y gestos luminosos, dibujan un mundo más justo y humano.

Este estandarte es memoria viva. Es una semilla que continuará floreciendo cada vez que alguien decida creer, jugar y amar con respeto. Las huellas de esos niños nos recuerdan que la paz no es un concepto lejano, sino un trabajo cotidiano que comienza en la infancia. Gracias, María Inés, por este obsequio que es como un abrazo y nos recuerda que los buenos valores se multiplican en cada paso que damos juntos.

Sembrando valores, construyendo un futuro

Este regalo llega en un momento especial, y me reafirma en mi compromiso con los proyectos de paz que vengo desarrollando. La educación es, sin duda, la herramienta más poderosa que tenemos para formar ciudadanos conscientes y compasivos. En mis talleres y escritos, siempre busco inspiración en autores que, con su obra, nos invitan a reflexionar sobre el potencial transformador de los valores humanos.

Como afirma el gran educador y psicólogo suizo Jean Piaget, respecto a la creatividad, la invención y el pensamiento crítico: «El objetivo principal de la educación en las escuelas debería ser la creación de hombres y mujeres que sean capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho; hombres y mujeres que sean creativos, inventivos y descubridores». Para mí, este estandarte, esta creación de pequeños e importantes manifiestos de paz, es precisamente eso: una muestra de cómo las nuevas generaciones, guiadas por el amor y el respeto, son capaces de construir un futuro diferente.

Este hermoso regalo me motiva a seguir promoviendo la difusión de la paz y los buenos valores. La tarea es grande, pero sé que en cada gesto, en cada actividad y en cada página escrita, podemos ser faros de esperanza. Hoy, más que nunca, me siento inspirada a continuar este camino, uniendo corazones y manos para que la paz no sea solo un sueño, sino una realidad palpable.

Deja un comentario