Mis libros, mis acciones y mis palabras siguen ese camino iniciado en 2015, y que no deja de crecer.
La paz se construye con compromiso, ternura y memoria.
Y también, con poesía.

Creo en la palabra como semilla.
Creo que escribir es también un modo de abrazar el mundo.

Desde el año 2015, inicié un camino que transformó profundamente mi labor como escritora: la literatura al servicio de la paz. Fue en el Segundo Congreso Internacional Ecológico Literario, en la ciudad de Pehuajó, donde junto a otro fueguino compartimos una experiencia única con escritores de distintos puntos del país.
Allí conocí a una figura fundamental en este camino: el Dr. Ernesto Kahan, Premio Nobel de la Paz como miembro de IPPNW, poeta, médico y defensor incansable de los derechos humanos. En su honor, escribí unas palabras que fueron publicadas ese mismo año en el libro de Cristina Azcona, El gran doctor de la paz, rindiendo homenaje a quien deja huellas profundas con cada acción y palabra.

Desde entonces, mi compromiso se hizo palabra y acción.

En 2016, comencé a participar en las antologías de “100 Poetas por la Paz”, coordinadas por Verónica Bianchi, un espacio colectivo de escritores unidos por la esperanza, la poesía y la reflexión.


Y en 2017, con profunda emoción, recibí el reconocimiento de la Legislatura de Tierra del Fuego, que declaró de Interés Provincial mi participación en esta obra internacional. La resolución fue impulsada por los legisladores Pablo Villegas, Mónica Urquiza y acompañada por todos los bloques.

Desde entonces, he llevado este mensaje a las aulas, trabajando con niñas, niños y docentes en propuestas sobre valores, convivencia, no violencia, empatía y derechos humanos.
He compartido cuentos, poemas, canciones y actividades que siembran reflexión en escuelas, ferias del libro y actos escolares, promoviendo la idea de que la paz no es un sueño lejano, sino una construcción diaria y colectiva.

Este camino continúa hoy en mi labor como Embajadora de Paz en Tierra del Fuego y en mi obra Sembremos la Paz, que escribí junto a Carolina Biott como aporte concreto a la educación para la paz desde la literatura infantil.

Continuar sembrando paz desde el sur es parte de mi camino…

A lo largo de estos años, y gracias al camino recorrido, fui reconocida como miembro de Mil Milenios de Paz y del Consejo de Paz de la República Argentina, instituciones que promueven activamente los valores universales de la paz, el respeto, la justicia y la solidaridad en todos los ámbitos de la sociedad.

Mi compromiso con estas organizaciones es una extensión natural de mi vocación: escribir, educar y actuar desde el sur del mundo con una mirada esperanzadora, sensible y transformadora.

Con la labor realizada, y el entusiasmo compartido con otras personas comprometidas en mi provincia, formamos en Tierra del Fuego un grupo de acción y reflexión que autodenominamos “Paz Austral”.
Desde este espacio continuamos organizando actividades en escuelas, bibliotecas y espacios culturales, difundimos libros, canciones y propuestas pedagógicas, y participamos en campañas, actos y encuentros que fomentan la cultura de paz como parte esencial de la convivencia humana.

Paz Austral nace como una semilla que crece en el fin del mundo, pero que dialoga con el planeta entero.
Un grupo abierto, colaborativo y profundamente humano, que cree en el arte, la educación y la palabra como herramientas para construir un futuro más justo, amable y sensible.

La paz es un camino, y también un legado

Desde Pehuajó hasta Tierra del Fuego.
Desde un poema hasta un aula.
Desde la emoción hasta la acción.
Este es el viaje que elegí: sembrar paz a través de la literatura, la educación y el encuentro.

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