Mi compromiso con la diáspora croata es personal, artístico y profundo.
Desde la palabra, honro el pasado, abrazo el presente y siembro futuro.

Porque escribir, para mí, también es un acto de pertenencia.

Mi historia con la diáspora croata en Ushuaia nace mucho antes de que yo pudiera nombrarla. Fue mi madre, apasionada por la historia y la cultura, quien antes del año 2009 emprendió una investigación profunda sobre nuestros antepasados. Con paciencia, amor y convicción, logró reconstruir el árbol genealógico de nuestra familia, llegando hasta nuestro bisabuelo y tatarabuelo, quienes fueron de los primeros en llegar a Tierra del Fuego, supuestamente desde el entonces Imperio austrohúngaro, nacidos en la isla de Zlarin, en la costa dálmata.

Ese árbol, que ella sigue actualizando hasta el día de hoy, se convirtió no solo en un mapa familiar, sino en una semilla de identidad. A partir de sus averiguaciones —y con la certeza de que nuestros ancestros formaron parte de las familias pioneras de Ushuaia— comencé a darle valor a sus hallazgos, a nutrirme de sus pasos, a escribir sobre esa transformación del tiempo, la sociedad y la memoria.

Así nació mi primer libro: Su Majestad, un cuento en relatos breves dedicado a los abuelos de mis abuelos. Es un homenaje íntimo a la gente sencilla que hizo camino en este rincón del mundo, una obra escrita desde la ternura y el reconocimiento a nuestras raíces.

Pero la historia no terminó allí. Gracias a la labor incansable de mi madre, la Embajada de Croacia visitó Ushuaia por primera vez, y un grupo de descendientes de aquellas primeras familias logró finalmente obtener la ciudadanía croata. De ese impulso nació la primera organización local de la diáspora: “Croatas en el Fin del Mundo”, una iniciativa que, aunque luego quedó en silencio, abrió las puertas a nuevas formas de encuentro y creando una nueva agrupación, denominada «Croatas en Argentina, con sede en Tierra del fuego«.

En paralelo, mi hermano Gustavo Biott fundó el grupo de Facebook “Croatas en Argentina” y su sitio web, fortaleciendo la red de descendientes croatas en todo el país. Desde entonces, hemos llevado adelante actos conmemorativos, creado la Plaza Croacia en Ushuaia, y representado a la comunidad croata en colectividades, eventos culturales y desfiles cívicos.

Ese espíritu croata sigue vivo en el sur del mundo, y es también el motivo que me inspira hoy: estudio el idioma croata, viajo para conocer el país de mis ancestros, escribo cuentos y poesías en su honor, y me involucro en proyectos de investigación, memoria y cultura migrante.

Mi foco actual está puesto en explorar la migración, la migración inversa, la transnacionalidad y la identidad cultural, con una mirada poética y social. Creo firmemente que la palabra tiene el poder de unir generaciones y pueblos, y que la escritura es una herramienta poderosa para preservar y difundir nuestras raíces.

Lo que para mí comenzó como una búsqueda familiar, se transformó en una voz, una historia, un libro, una bandera. Y continúa latiendo en mí como una ola que cruza el tiempo y los continentes.

Por eso sigo adelante, escribiendo desde el sur del mundo pero con el corazón entre orillas. Porque las raíces no son estáticas: crecen, se expanden, nos atraviesan y florecen en nuevas formas.

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